sábado, 7 de enero de 2012

De rebajas


Hoy os voy a hablar del maravilloso mundo de las rebajas. Son gente bajita, pero también necesitan cariño. Ah, no, que me pierdo.

El mundo de las rebajas es algo que nadie ha sido capaz de desentrañar completamente, lleno de magia y misterio, no es tan solo un ataque irracional de consumismo, estampidas e interminables colas, es algo mucho más complejo.

Ya sé que no tenéis ni idea de la realidad, pero yo os despejo dudas. Primero, los precios. A mí desde siempre me da la sensación de que no han rebajado nada. Creo que tienen los mismos precios, y el día anterior se dedican a escribir en la etiqueta ‘Antes: 20 € más’. El día antes es horrible para ellos, porque tienen que preparar bien toda la estrategia.

Una vez han terminado de escribir lo mencionado, tratan de que las cajas tengan la menor cantidad de billetes pequeños y monedas posible. “Tú, esconde estos billetes de cinco debajo del suelo del probador, que nadie los encuentre jamás” Después de sabotear el lector de tarjetas de crédito y colocar la ropa cuidadosamente posicionada para que las colas de gente bloqueen cada salida de la tienda, se ponen a practicar durante horas el arte de cobrar. Es todo un arte porque han de tardar el doble de lo normal pero tiene que parecer que se están dando el triple de prisa.



¿Crees que has encontrado un chollo? CUIDADO. Las y los dependientes están entrenados para reaccionar naturalmente hacia precios cuya rebaja no está marcada, todos con la misma frase. “Oye, perdona, que aquí no habéis marcado la rebaja, ¿A cuánto está ahora?” “Ah, no, eso no está rebajado, es NUEVA COLECCIÓN” Con Nueva Colección pueden rebatirte cualquier argumento. “Oye, perdona, tu compañera me está pegando en la cabeza con un cinturón” “Ya pero es que es Nueva Colección, no puedo hacer nada”

Las colas. Las colas son algo horrible. Una vez fui a Zara a comprarme unos bonitos pantalones y después de varias horas de cola aparecí en la caja del Bershka. Pero eso no es lo peor, lo peor es cuando confundes la cola de los probadores con la de pagar. Llegas allí y por no volver a empezar te pruebas los pantalones en la caja.

Lo de la "rebaja" es otra historia. Por favor, no os dejéis engatusar por la ‘excusa’. Alguien que se compra una camiseta de quince euros sin rebajar es un pijales en estos días. Ves a gente comprándose abrigos de noventa leurópodos, y si alguien les dice algo, sueltan la típica frase de rebajas “Bueno, pero es que está rebajado, antes costaba casi cien”. Serán rebajas pero hay maniquís que llevan encima meses de sueldo. Y te miran con superioridad. Hijos de plástico.

De todos modos, lo que menos aguanto yo de las rebajas es que me juzguen las dependientas. Sobre todo en ese momento en el que entras a una tienda sólo para chicas, como Stradivarius, por ejemplo. Te miran. Piensan “Vendrá con su novia al menos”. No, hoy vengo solo. “A lo mejor ha quedado con una amiga aquí”. He dicho que vengo solo. “¿Qué hace mirando ropa? ¿Querrá regalar algo? Pero si no es gay, se nota, seguro que no sabe nada de moda”. No, no voy a regalar nada, y podría ser gay perfectamente, dejad de juzgarme. “¿Qué hace cogiendo eso?” Y entonces te acercas al probador con un vestido ajustado, rojo pasión.

Momento de tensión entre la dependienta del probador y tú. Ella mueve ficha primero.

¿Querías algo?

A las demás simplemente las deja pasar, porque da por hecho que van a probárselo. Son rebajas, acabo de esperar treinta minutos de cola de probador, no vengo a preguntarte si tienes el vestido en más colores. Sabes a lo que vengo.

Sólo una prenda. Voy al probador.

Se cruzan las miradas. La dependienta no sabe qué hacer, pero ya tiene la mejor anécdota de estas rebajas. Se lo contará a sus nietos. Unos segundos de silencio, la gente nos rodea. Alguna chica aplaude, caen varios sujetadores cerca.

Es… Está bien… Tienes ahí uno libre.

Es sólo por orgullo, evidentemente, no voy a comprarme el vestido. Y si me lo probé fue por no desperdiciar la ocasión. Pero ahí no termina la cosa, hay que ponerla en más apuros.

Oye, perdona, me sacas otra talla?

Está flipando azulejos amarillos la dependienta. No sabe si buscarme una talla más o una cámara oculta. Me trae otra, me la pruebo y ahí NO termina la cosa.

¿Qué tal me queda?

Esto va por todos los hombres sujetabolsas en tiendas de mujeres, y da gracias que no he hecho esto en Women’s Secret con un conjunto de lencería picantona.

Bien, bien… Yo me lo llevaba.

Y ME LO LLEVO, con dos cojones. ¡Pero si es ropa de mujer, un vestido! Ya, pero es que está rebajado. Me pongo en la cola para pagar. Viene una chica, pregunta “¿Quién es el último?” “Yo” “Pues qué putada”. Y se va. Así son las cosas en las rebajas.

-Hola, ¿tarjeta o efectivo?
-Tarjeta
-¿Me dejas el DNI?
-Soy mayor de edad, lo juro.
-Eh… vale. 39,99 € en total.
-¿Pero no está rebajado?
-Es que este vestido es de Nueva Colección.

Moraleja: El tamaño de la cola no importa, te la clavan igual.

¡Felices rebajas!

2 comentarios:

Rubén de la Fuente dijo...

JAjajajajajajja me ha encantado!!!

Vilma dijo...

Muy bueno!! Pero algo falla, yo sí que noto el precio rebajado en artículos que están tirados. Y no hablo de la tienda del abrigo de 90€.. sino de Stradivarius y similares. Y tanto que se nota!

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