miércoles, 1 de septiembre de 2010

Azul antracita efecto perla

Está amaneciendo en mi querida Galdakao (y supongo que en algún sitio más también) y en lugar de aprovechar el madrugón para estudiar enciendo el ordenador y me pongo a mirar la hoja blanca del Word como si esperara que hablase o algo.

En fin, se acabaron las fiestas, y con ellas las interminables e insufribles resacas, las agotadoras borracheras, el ver cómo pasan los días sin hacer nada y cómo tu cartera cada vez pesa menos, el creerte fuente de kalimotxo a eso de las seis de la mañana, los flashazos de recuerdos del tipo “No pude haber dicho eso” o amanecer en un banco de la Plaza Nueva en calzoncillos, con vómito en la camiseta y abrazado a una paloma muerta.

¡Ahhhh! Pero las fiestas no son del todo malas, hay sensaciones irrepetibles en ellas… Sólo que es difícil recordarlas la mañana siguiente.

Abres los ojos. Entra un poco de luz por la persiana, llega para ver que ayer no llegaste solo a casa, te emocionas, se da la vuelta, ¡coño, está buena! Te mira con esos ojos azules, mientras se le ilumina la cara con los escasos rayos de sol que entran por la ventana, se acerca a ti, y te despiertas.

Y son las 20:00 y de lo único que eres consciente es de que te vas a tener que comer una farmacia para que deje de dolerte la cabeza. Y tampoco estás solo, miras a tu lado, pones cara de estar pisando bebés y te preguntas en qué mierda de after de Mordor acabaste ayer la noche (Eso si no se lo pregunta ella también. O te cobra. Vete tú a saber cómo acaban las noches hoy en día)

Te levantas. Te arrepientes de ello, pero ya es tarde, y da igual que sea martes, miércoles o viernes por la tarde, que para ti es uno de los peores domingos de tu vida.

Normalmente ahora te relajas y te acuestas relativamente temprano para descansar. Pues no. Porque hoy también sales, alcohólico cabrón. Enchufas el morro al grifo del lavabo y que pase lo que Dios quiera. Cuatro o cinco litros más tarde (Los días de fiesta y resaca incluso el tiempo se mide en litros) te das cuenta de que son cerca de las 21:00. ¿Qué haces? ¿Cenas? No. Te vas al Eroski a por litros que sino cierran.

Y te reúnes con los coleguitas en el super, y como te has pasado la tarde babeando en la almohada llega el momento de recordar las batallitas de la noche anterior.
-¡Hombre, menuda raba echaste ayer, eh?! (Ahora llega una de las fantásticas frases que siempre se repiten en momentos como este) Yo no me acuerdo pero me lo contaron.

Todos con amnesia y el hijo de puta que no bebió lo cuenta hasta en el Twitter.

-¿Qué, cuantas cayeron ayer?
-Cinco o seis, no mucho.
¿Ligues? No, no, no, amigos. Cobras. Que estamos en Euskadi. Si el tiempo se mide en litros la noche en cobras.

Y así llegas a la etapa final de las compras en el Super. La de rechazo. Dos Tetrabrik de Don Simón. Correcto. Botella de agua de dos litros. Correcto. Y vas a por la botella de CocaCola de dos litros para tener kalimotxo para dos, perfectamente calculado.

PUES NO, PORQUE A ALGUIEN LE HA DADO POR QUITARLE LAS CURVAS.

Y el Kalimotxo con Pepsi es como fumarte un cigarrillo por el filtro. ¿Se puede? Si. Pero que asco.
Se me está yendo un poco la olla. Es de no masturbarme.

Es que he hecho una apuesta conmigo mismo, si pierdo es porque me he masturbado. Si gano, puedo masturbarme. No sé cómo acabará esto.

El título de la entrada es el color de mi coche.
-Si tú no tienes coche.
Pues eso.

1 comentario:

Josune Villate Martínez dijo...

Así que fueron productivas las fiestas de Bilbo, ¿eh?

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