miércoles, 28 de julio de 2010

En el fondo de la botella, cariño

Fue una conversación contextualmente profunda, de tinto, cola y mesa de madera de bar oscuro.

Realmente adoro los momentos de madrugada que me tiñen el pensamiento de color y de sentimiento, y me deprimen. Me deprimen porque me agotan. Me agotan porque me tomo en serio. Y adoro tomarme en serio.

Adoro esos momentos de madrugada.

EN FIN

Dejemos las cosas claras. No vine a hablar de gatos negros y lobos muertos. Eso ocurrió después de empezar a ver palacios en cabañas, de complicar cosas que a los ojos del lector son tan sencillas que me hacen sentir un idiota más. Y soy mucho más que un idiota, por lo menos soy un imbécil.

Y no me insulto por placer, son más bien gritos de socorro para que algún alma que se pasea alrededor de mi exagerada vida me dé dieciséis o diecisiete palmaditas en la espalda. Por compasión. Por empatía. Por accidente, quizás.

Trago a trago me alegro, trago a trago me hundo. Como todos, como todos alguna vez se dejan devorar por la noche en un mar de alcohol y orejas que escuchen esos gritos que ya no salen de la razón. Y suspiro. Y qué difícil es decir sobrio lo que uno piensa borracho.

Pido otra, es temprano, la luna paga y la noche escucha. Les contaré cómo fueron mis vacaciones. No tengo claro si me gusta viajar en tren pero es tan elegante que no iba a decir que no, aunque, no tuve mucha suerte. Olvidé los horarios, perdí el tren e inauguré un banquete de pipas para esperar otro rebaño de vagones. Llegó, claro que llegó, al mismo tiempo que yo abandonaba la estación.

Bebo, y me acuerdo de los paseos sobre el tejado en una de las acogedoras noches de mi Bohemia imaginaria, mientras me susurro que ya no tengo por qué volver a escribir, ni a quién. Y llueve. Y sonrío, y dibujo el punto final del párrafo más feliz que nunca he escrito.

Tristemente, el tiempo no me deja enamorarme de la noche y la tormenta, y vuelve a insistir en traer esos días de luz y sol que ayer rondaba y hoy detesto.

Y hoy, hoy es día de playa.

martes, 20 de julio de 2010

ESTO NO ES UN CUENTO PARA NIÑOS VERDES

Érase una vez una oscura habitación en la que un horrible tirano arrancaba las alas a las hadas. Bueno, en realidad la habitación estaba bien iluminada, y era de día y tal. Y tampoco era tan horrible, ni mucho menos un tirano. Y eran moscas, no hadas. De hecho no alcanzaba a cogerlas, como para arrancarles algo.

Suena menos épico, pero la cosa no termina ahí. Nuestro héroe (si alguno se pregunta porque ha pasado de tirano a héroe en dos párrafos en el siguiente LINK veréis lo que me tomo cada vez que pienso en vuestras dudas, gente que se hace preguntas)

Era un conocido mago en la honorable villa de KonKalimotxomañanameomierda qué podía cambiar el color del agua, pero sólo él lo veía. Muchos jóvenes se acercaban a preguntarle cómo podía ser que nunca hubiese recibido paliza alguna cuando ya su pobre rostro parecía pedirla a gritos. 
Hijo de puta qué feo era.

Pero toda historia tiene sus extras y todo héroe algún que otro secundario más tonto que pellizcar cristales, y allí estaba su fiel escudero, un bote de mayonesa caducado. Si, si, cómo lo oís. Caducado.

Y faltan el malo y la princesa, el dragón y la damisela de buen ver. Pero tengo las mismas ganas de inventarme ahora personajillos (ya habéis visto el impresionante grado de originalidad que demuestra poner a un bote de mayonesa como parte del reparto) como de que un caniche con hepatitis me muerda las pelotas y me viole reiteradas veces así que voy a seguir con la asombrosa hazaña de la piña en el bosque.

LA ASOMBROSA HAZAÑA DE LA PIÑA EN EL BOSQUE

Bueno, como no sé si estáis muy puestos en el mundo de los botes de mayonesa, os pongo al día, no hablan. Y en el bosque un hombre solitario como nuestro gran mago con un bote de mayonesa y ningún tipo de presencia humana sólo puede hacer dos cosas. Untarse la mayonesa en el falo y masturbarse o… Bueno, la cosa es que se masturba, y justo antes de terminar una enorme piña cae sobre su pequeño yo.

Como soy un gran escritor megamoderno ayer fui al bosque a documentarme y lo de la piña es una putada. Y ahora que lo recuerdo dejé la mayonesa allí.

No sé qué pensaréis de mí en este momento, pero yo me siento muy digno hablando de masturbarse con mayonesa y de piñas en el pene, lo que pasa es que sois unos pijos de salón de té. Pues yo me la casco con mayonesa y me hago los macarrones con lubricante.

Me asusta no tener ningún reparo en escribir esto por internet. Bueno, para los que lo duden, es broma. No me hago los macarrones con lubricante.

Siguiendo con la historia (y dando por hecho que sabéis que no me masturbo con mayonesa) voy a intentar escribir la primera gilipollez que se me ocurra para terminar con lo de la hazaña. Allá va. El golpe provocó tal hinchazón en el miembro que hizo que su longitud aumentara hasta los 20 cm que era la medida mínima para poder entrar en el castillo de Retaco Breves Pelotas, un fontanero italiano gay con bigote y tortugófobo y al que para abreviar, llamaban Choco Crispis.

Igual se me ha ido un poco de la mano el cuento pero son las cuatro de la mañana y ya no sé ni lo que pienso. Escribo. Bueno, que no pienso lo que escribo. Más loco que el sobaco de una serpiente.

Eh… No sé, pasad buen verano.

QUÉ PINGÜINO NI QUÉ PINGÜINO

Bueno, contextualizo, aquí estoy yo peleando con un filete de sabe Dios qué animal mientras escribo, clicko en el botón de inicio de Tuenti cada 26 segundos, veo el capítulo de una serie elegida casi al azar y… y me gustaría poder decir que estoy haciendo algo más para ya sí parecer un superhéroe superenganchado al super… al ordenador.

“Yo escribo para mí”. Se lo he escuchado a tantísima gente que he llegado a creerlo, o, incluso, a decirlo, escribirlo y gritarlo a los cuatro vientos.

Es una enorme mentira.

Es raro, pero aún cuando lo creía, sabía que era mentira. Una verdad estética, sonaba bien, era una excusa, me permitía huir con cierta dignidad de escritos infumables (Como el que seguramente termine siendo éste)
No quiero atreverme a generalizar, porque vete tú a saber qué clase de curiosa gente escribe hoy en día y con qué destinatario, pero, en mi caso al menos, creo que eso de escribir para mí no es sólo imposible, es inútil.

“¿Y los diarios?” Los diarios los escribes para que tus padres/hermanos lo encuentren tarde o temprano y se rían de ti con pruebas escritas de las chorradas que haces. No, pero hablando en serio, la utilidad que se le podría ocurrir a la mayoría es (Quitando leerlo en un futuro y dar gracias de que no sigues siendo tan gilipollas) “Escribiendo entiendo mejor lo que siento”

A dónde vas caperucita!

Vale, suena creíble, pero en realidad para explicarme algo a mí mismo me basta con una imagen. La imagen evoca recuerdos, que se van encadenando y pueden seguir hacia atrás en un largo historial de recuerdos o mutar en lo que viene siendo soñar despierto con recuerdos que nos gustaría tener. Una imagen o una voz, o un olor, o una sensación. Y otra vez recuerdos. Y el recuerdo vuelve a las voces, olores, sensaciones, imágenes.

Escribir es, básicamente, la esperanza de que al cambiar de formato nos comprendamos a nosotros mismos.
Ahí tenéis la impresionante teoría de que más valen 10 JPGs que un GIF mal hecho.

No, va, olvidad la última frase.

Mejor, olvidad toda la entrada.

Olvidaos del blog, qué coño.

Voy a escribir el chiste de los pingüinos para dejar buen sabor de boca.

Un marido, aburrido de su vida sexual con su mujer, decide que debe intentar algo nuevo: darle por detrás. Pero claro, después de tanto tiempo no sabe cómo decírselo. Así que se va a una tienda, compra un centenar de pingüinos y los suelta en medio de la casa. 

Llega la mujer a casa y ve a todos los animales... 

- ¡Pepe! ¿Qué hacen todos esos pingüinos en el salón? 

- ¡Qué pingüino ni qué pingüino! ¡¡Tú lo que quieres es que te dé por culo!!

martes, 13 de julio de 2010

Hay un bocadillo en mi Cocacola

No voy a negar que llevo ligeramente ausente un tiempo. En general y conmigo mismo, apenas hablo solo ya y es algo que verdaderamente echo en falta.


Pero damas y caballeros, como nuevos propósitos de verano y siendo hoy martes 13, día claramente relacionado con las supersticiones y los trastornados gatos negros, voy a hacer un pequeño, breve, diminuto y escaso listado de todo lo que me propongo hacer en el futuro (y posiblemente no cumpla).

  • Recorrer un arcoiris en Irlanda con un billete de veinte euros, llegar al final a un caldero lleno de monedas de oro custodiado por Leprechauns y pedir cambios para tabaco
  • Empezar a decir "es como la típica serpiente de 10 metros de Bilbao" hasta que en un futuro todo el mundo conozca a la inexistente típica serpiente de diez metros de Bilbao.
  • Ponerme tibio a cerveza hasta ver doble y saber qué mierda sienten unos gemelos al verse juntos en el espejo.
  • Cantar 'Just Dance' con Serj Tankian durante un cameo en la última película de Johnny Depp. Pero en plan sencillo.
  • Disfrazarme de Batman e ir por todas las tiendas de la Gran Vía preguntando a ver si todos están bien.
  • ACTUALIZAR TODOS LOS DÍAS

Nada, como sabéis todo lo anterior era pura ficción (salvo lo de la cerveza), y un poco de relleno para no dejar solita la foto de la que he sacado el título de esta entrada, ahora poneos a pensar en el mensaje, vale?

En realidad no creo en lo que dice. A mi una lata de mierda no me va a decir qué tengo que hacer, prefiero seguir un poco más bebiendo, fumando, escribiendo mierda, arrastrándome por este enorme océano de estupinquietudes, contradicciones y más mierda hasta que empiece a llover kalimotxo del cielo, joder.

Ale, BUSCAOS LA VIDA

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