lunes, 28 de junio de 2010

Y a mí qué me cuentas, es domingo

Qué deprimente me resulta ver una hoja en blanco durante más de diez minutos. Por eso las primeras letras de todo lo que escribo son las más chapuceras, sólo las uso para manchar el papel.

Oh, Dios mío, se avecina un espectáculo más que bochornoso en el que pienso vomitar todo lo que pienso y creo en este momento, lugar, fecha y lo que se os pase por la cabeza. Pues no.

No voy a negar que sea un amante del dramatismo, de priorizar y enaltecer los sentimientos como si me creyese educado en el romanticismo, pero hay horas para sufrir y horas para dar lástima, y hoy, 28 de junio, abrasado por un calor nocturno sin sentido alguno, no pienso lloriquear para nadie. Para nadie en especial.

Se me había ocurrido, en un breve lapso de lucidez entre mis horas de depresión de domingo, que podría relataros alguna historia estúpida de final inesperado teniendo en cuenta el título de un blog que, sorprendentemente, muchos seguís leyendo. Ahora que lo pienso, no sé ni si cambiarle el nombre. Ni siquiera es mi animal favorito.

Bien, al margen de mis tonterías rutinarias, no voy a escribir sobre flores más espinosas que los zarzales de mi pueblo, ni sobre felinos enamorados de la Luna, ni sobre aspirantes a vampiro con dotes más que notables. Tampoco le vamos a dar cancha a la Praga de mi imaginación, ni a zapateros estúpidos ni a batallas históricas que ni yo entiendo.

Y mucho menos de tofu.

Érase una vez un rey.
Si, de estos reyes de película, de corona dorada, anillos, joyas, cetro y capa de terciopelo. Barba gris, cabellos rebeldes como olas enfurecidas al pie del castillo que era su corona; y qué ojos, que ojos de hielo, qué tortura aguantar la mirada y cuánta vida en ellos, ¿Pero a quién le importa? Sólo es un rey en su castillo sobre sus súbditos, bajo su dios y ante el enemigo.

Una historia única. Como todas.

No era un rey bueno si a límites morales he de atenerme, pero, bajo la propia consideración del monarca su vida había sido erigida sobre unos cimientos insólitos, no malvados.

Procedo a describir lo curioso de la vida de un rey aparentemente normal, si en un cuento de hadas viviésemos, o si Disney me pagara por escribirle guiones de mierda.

Por la mañana se levantaba de su cama de rey, ponía su pie izquierdo en su suelo de rey y avanzaba, con paso real, por el amplio pasillo hasta los fogones de una cocina tan monárquica como la suya. Se preparaba, atención, el café con leche materna de damas a las que arrebata a sus niños, y se fumaba, de acompañamiento, huesos molidos de bebés con la mejor hierba del país, hasta quedar abatido por el efecto de tan distinguido ingrediente y caer redondo en, posiblemente, cualquier parte.

Solía comer ojos de mendigo, y untaba el pan en sangre, pero no en sangre cualquiera, sino en una más difícil de encontrar según el día del mes que marcara el calendario. De postre, dedos. Deditos de niños de ojos azules cubiertos con nata y quizás de una o dos cerezas si era temporada.

Por la tarde, se dedicaba a cerrar orfanatos. Todo el reino opinaba que el monarca realizaba una increíble labor social adoptando diariamente a decenas de niños, cuando en realidad era su asombrosa capacidad para masticar la que permitía tan loable ejercicio.

No os hablaré sobre qué cenaba, porque me parece de mal gusto hablar sobre el vello púbico y su estado tras interminables horas de ejercicio y días sin higiene. Pero si tuviera que hacerlo, añadiría algo más. Queso, quizá.

Y ya está. Simplemente comía niños.

Y ahora, Joey bebiendo cuatro litros de leche en diez segundos.

martes, 22 de junio de 2010

Sin Título

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAWWWWWWWWWWGHHH

Eso era un bostezo virtual. Quería compartirlo.

Hace relativamente mucho que no escribo pero es que todo sigue igual. Un momento, vamos a hacer esto más íntimo.

Querido diario,

Hoy Ricky ha restregado su pene en mis pechos mientras me repetía una y otra vez lo guarra que era. Creo que le gusto. Nah, pongámonos serios. Creo que estoy dejando de lado el blog y eso no puede ser. Todo el mundo debería publicar en Internet gran parte de su vida privada para que todos pudieran leerla, y no sólo los tropecientos cincuenta y siete mil catorce amigos del Tuenti/Facebook. 

Siempre critico las redes sociales (creo que me excita hacerlo) a pesar de tener una o varias cuentas abiertas en todas las que conozco, pero esta vez las voy a poner por las nubes. 

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Os voy a ser sincero, iba a poner una foto del logo de facebook entre unas nubes para hacer gala de mi extraordinaria habilidad para exprimir humor de vuestras tristes vidas pero como que en mi cabeza no tenía ni puta gracia. 

Ahora estoy pensando en por qué me ha dado por escribir la explicación. Bueno, así relleno.

Y como estoy seguro de que esto os ha sabido a poco, voy a hacer una actualización de mi vida por aquí, para que no os perdáis detalle de mis aventuras.

Hoy me he cortado el pelo. Apenas se nota, no le he dejado dar ni tres tijeretazos. He terminado exámenes y según mis cálculos voy a pasar muy pocas horas sobrio en estas, mis vacaciones. Creo que ya. Si, así es mi vida, vale? Podría decir que me dedico a asesinar a altos cargos de una sociedad secreta de hombres-unicornio que se dedican a enredar los cables de los auriculares de toda la población para así llevar a cabo su maléfico plan de conquista mundial, pero lo más emocionante que he hecho en estas últimas semanas ha sido masturbarme con la mano izquierda.

Y eso... Voy a dejar alguna imagen pa' que no quede tan soso.

Bueno no, que me da pereza.

domingo, 6 de junio de 2010

Mi finde en resacas.

Este soy yo hoy, domingo.
Este era yo el viernes.

Ambas imágenes de las resacas, evidentemente. 

PD: Estoy sexy que te cagas en bata.
PD2: Y si parezco gris es porque todavía no he ido a la playa.

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