lunes, 18 de enero de 2010

El Conde Dracullen, Quatre


Se le preguntó a la reina, y al duque, y a un príncipe, al bufón, al cartero, al sastre, al lechero, opinó un zapatero, seis campesinos, un juez y el asesino.

Se barajaron muchas opciones, muchas respuestas, decenas de teorías, hipótesis, posibilidades infinitas. Comentó el bufón que quizás fuera el inapropiado tamaño, que hacía daño, cuando entraba, cuando salía, cuando asomaba, cuando caía, cuando mojaba.

"¡El pene no es!" Afirmó el duque, que habló del revés, quizá dijo "se on enep le" o quizás habló haciendo el pino, la cuestión es que había vino, y como para acordarse estaban los invitados, borrachos, cansados, tirados. Pero el pene no fue, o a esa conclusión llegaron.

La reina quería el castillo, quería las tierras y quería el río; por pedir que no faltase y quiso llevarse hasta las torres, piedra a piedra, por el camino. "Las llevará mi criado" El pobre huyó acojonado.

Zapatero, sastre y cartero, los tres le echaron la culpa al lechero: ¡Está fría y no es barata! "Por dos duros os doy leche de rata" Los tres callaron. Pero enseguida corrigió el príncipe el asunto: La leche no ha sido, si acaso el vino, que os ha trastornado, porque el conde solo bebía la sangre del ganado.

Pasaron la noche discutiendo, la razón del llanto del vampiro, pero a nadie se le ocurría preguntar, por ejemplo, el por qué de su malestar.

-¿Y por qué iba a estar mal?

Porque estaba muerto. "Ohhhh" Gritó el gentío. Pero si ya os he dicho, que en la reunión estaba el asesino. "¡Entonces llora porque está muerto!" Para llorar hay que estar despierto, no muerto, y el está paliducho "Será el clima" O que lo rebanaron con un serrucho. La cuestión es que lloró, pero antes de cascarla.

"¡Lloró por sus amores!¡Lloró por el pasado!" Nadie acierta y yo de esto ya me he cansado. El vampiro ha muerto, y a la tumba se lo ha llevado. "¿El secreto?" Y la estaca que le han clavado.


1 comentario:

Sheppard dijo...

Al final nos quedamos sin saber quién fue el asesino maldito, el que una estaca le clavó esquivando habilmente ese tan enorme y manoseado pito.

Jamás sabremos porqué lloraba el conde, quizá porque la leche estaba amarga o por que su falo no se esconde.

El caso es que el final de la historia me ha conmovido tanto como la de Isabel y Fernando.

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