sábado, 26 de diciembre de 2009

La Navidad





Un discurso de Hans Parlaravauka

Tremendas las bragas de mi vecina Carol. Sospecho que se las robó a un paracaidista. En el caso de que ese paracaidista tuviese una lencería. Bueno, en realidad no hace falta trabajar en una lencería para que te roben unas bragas, pero es lo que tiene la navidad.

Decidió en su día mi amigo Tomás, el carnicero de Cojondasno, que “con esa labia que tú tienes, Parlaravacas, ya podrías dar tu el discurso de navidad en esta, nuestra república española, y no JuanCar”. No sé quién vagináceos será el JuanCar ese, pero si mi perro Pulmón me pide un discurso de navidad, ¿Quién soy yo para no escribírselo?

Y bueno, qué os voy a decir yo de la Semana Santa que no sepáis, lucecitas, regalitos, arbolitos, sexo en discotecas que te cobran media cartera por entrar, cava, sidra, langostinos y toda clase de bichejos que bien se podían haber quedado en agua firme; los belenes, el confeti, gorritos de Papa Noel, minifaldas y villancicos. Ya está. He resumido vuestra lamentable vida social diciembral en poco más de diez palabrejas. Escoria.

Mi vida navideña es una asombróstica conjuntación de neocultismos y drogas desconocidas en las que mi perro y yo debatimos sobre la metafisión de misterios tales como el origen del superhombre. Yo siempre he dicho que los homosexuales vienen de Narnia. Mi perro cree que todos somos bisexuales pero que nos decidimos por un lado u otro según el pecho del que más mamemos. Su madre tenía seis y yo no sé qué pensar. En fin, la navidad.

En navidad todos intentan ser buenas personas y yo creo que eso podría crear un desequilibrio en el sentido de la vida, así que procuro ser abismalmente malo. A veces vuelvo con mis ex para volver a abandonarlas. O me dedico a morder ancianas a la salida del metro. Una vez me planté delante de un mendigo que pedía limosna y empecé a liarme cigarrillos con billetes de 50. Cuando terminé me senté junto a él y estuve treinta y cinco minutos mirándole una oreja.

Lo peor fue cuando organicé una excursión para un orfanato y les pedí la autorización de sus padres. Pero eso fue un accidente. Traspapelé mis traspasos.

Lo dicho, tengáis las velas que tengáis en vuestro cumpleaños, cuchillo de palo.

Feliz Navidad,

Hans X. Parlaravauka


4 comentarios:

hijasdeunahiena dijo...

Estoy de acuerdo con lo de que podría ocasionarse un desequilibrio si todos fuéramos buenos. Dios qué sabio es Hans.
¿Cómo esperas que escriba un pedazo de comentario cuando acabo de escupir las 4 neuronas que me quedan en una mierda de entrada para la mierda de blog que gasto? Dios, dios, me tienes sobrestimada.
Por cierto, me he quedado con la intriga. ¿Pulmón es sistisexual?

Galder dijo...

Mejor no pregunto de dónde has sacado el nombre de la vecina xD

Indy dijo...

Hans (L) Cada vez me encanta más. Por cierto, ¿cómo pergeña semejantes maldades? Dile que me enseñe *-*
A ver si nos vemos, gatito.

Leire Olivares dijo...

JAJAJAJA Joder, que malo-malísimo que es Hans: billetes de 50, los niños del orfanato (Ésta me ha parecido de una crueldad máxima xDDDD)
Enfin, buena teoría también lo de la teta de la que mamamos, Inés y yo mamábamos a la vez... ¿Eso quiere decir que una de las dos está viviendo una mentira?
O.O
Bon nadal :)

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