jueves, 31 de diciembre de 2009

De Leites Nius


Bueno, vale ya de hablar de gabardinas y pongámonos con algo serio: Yo.

Últimas noticias y novedades, clarísima reforma en el TOP de mujeres del blog, Anne Hathaway se va a la calle, Kirsten Dunst pasa a 4º puesto y el 5º lo ocupa Zooey Deschanel ( Dí que si, 500 días juntos)



Instalada nueva "respuesta automática", a toda la que se le ocurra decir que no es tan guapa
YA TE GUSTARÍA, ZORRA

En otro orden de cosas, 31 de diciembre de 2009.

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(Se me había ocurrido escribir puntitos suspensivos hasta que estuviesemos en 2010, pero quedan 22 horas para eso y ni siquiera he tenido tiempo de masturbarme)
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Posiblemente este sea mi último mensaje del blog este año, y lo cierto es que no he preparado nada especial para este gran momento que seguro compartiré con no más de cuatro personas, cinco como mucho.

Bueno, ha sido un año entretenido.

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Nada, me aburro. Feliz año.

PD: Propósitos para el 2010: Me voy a ir de vacaciones, voy a enamorarme de una preciosa pelirroja irlandesa que hable francés y checo, alquilaremos un piso en Praga que pagaremos viviendo como artistas en la calle hasta tener dinero suficiente para comprar una zapatería; que llevaré feliz algún año que otro, hasta que ella decida que ya se ha hartado de esta vida y se vaya y me abandone.
Yo le diré que me quedaré en la zapatería hasta morirme, pero la semana siguiente a que nos separemos me iré a París, alquilaré un ático con lo ganado con los zapatos y adoptaré un gato negro, aprenderé a tocar el violín y pintaré preciosos cuadros que representen lo romántico que es odiar a una persona hasta acuchillarla a pinceladas mientras me asomo por la ventana desde la que se ve la torre Eiffel.
Pasará un año, quizás dos. Habré visitado Berlín, Amsterdam y Londres, habré comido pasta en Sicilia y me habré dormido entre ruinas en Grecia. Me habré muerto de frío en Moscú, y habré sacado estupendas fotos en Lisboa. Y que coño, me habré emborrachado en todos esos lugares.
Pasados esos años, me llamará mi amada irlandesa, para saber de mí. "¿Qué tal la vida?" Pues nada, aquí, en la zapatería donde me dejaste, donde no he movido una sola suela para que creas que todo sigue igual cuando regreses. "¿has hecho eso por mí?!" No zorra, me he pateado Europa y he visto más coños que un ginecólogo en hora punta. Y colgaré el teléfono. Y pensaré, pero si todavía la quiero. Y la volveré a llamar y colgaré al segundo tono. Arrojaré el móvil a los canales de Venecia y me iré en Góndola a Barcelona. Llegaré en septiembre. Me pasaré tres meses allí pero me iré a festejar la nochevieja a Nueva York.
Y me quedaré una semana más allí. O dos. O un mes. O tal vez tres años. Quizás me case en Nueva York. Dos años más. tenga un hijo, una hija, un perro, yo qué sé. Seis años más. Y nos iremos de vacaciones a Nueva Zelanda, o a las Fiji, los niños en casa con los tios/abuelos/canguro.
Y estando en las Fiji me iré a pasear por la playa mientras mi mujer duerme en el hotel.

Me tragará una ola, y apareceré en un barco pesquero japonés donde pasaré 5 meses. Mi familia creerá que estoy muerto. Cuando parece que llegaré a Japón, unos piratas secuestran el barco. 6 meses más y el síndrome de Estocolmo acaba por convertirme en uno de ellos. Y navegaré y navegaré tres años más, saqueando pequeñas islas, bebiendo ron, fumando hierba, buscando féminas sin compromiso en cada puerto que encuentre. Y el barco llega a otra isla, y a otra, y acabo en Irlanda. Paso 4 meses allí hasta que la veo en una feria agrícola de Dublín. A mi irlandesa. Nos reconciliamos. Ella está más gorda. Yo doy grima con mis pintas de pirata. Pero oh, que preciosa la veo. Sorprendentemente, me quiere.
Dos años más. Vuelve a abandonarme.

Viajo a San Francisco a ver a Stephenie Meyer al hospital, donde agoniza tras ser atacada por hombres lobo. La perdono por todo, puede ir en paz.

Salgo del hospital y me encuentro a mi familia neoyorquina, mis hijos están irreconocibles. Tras hablar durante horas, días, me echan de casa. Me odian todos. Tienen otro padre nuevo. No les culpo.
Paso un año más en San Francisco, ellos ya han vuelto a Maine, donde viven ahora. Cojo un avión a Madrid. Visito el museo del Prado. Como bocata de calamares. Y cojo otro avión, a Bilbao esta vez. Mi padre me pregunta a ver "que horas son estas de llegar a casa". Voy al Guggenheim. Por fin han quitado las horterísimas flores gigantes de colores. Ahora hay otra araña.

Voy a la tetería de Indautxu. Pido una Duff, quiero probarla. Sabe a rata. Pido otra. Voy al baño, aprovecho para masturbarme siendo primer martes de mes como es. regreso. Me bebo una tercera Duff y pido pastel de cereza. Me atraganto, y muero, con una vida la mar de interesante.

PERO NO, PERO NO PUEDO PORQUE LA GENTE DICE QUE EN 2012 EL MUNDO SE ACABA. PUES NADA, PA ESO ME VOY MAÑANA A POR MIS DUFF. Y A POR MI IRLANDESA.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La Navidad





Un discurso de Hans Parlaravauka

Tremendas las bragas de mi vecina Carol. Sospecho que se las robó a un paracaidista. En el caso de que ese paracaidista tuviese una lencería. Bueno, en realidad no hace falta trabajar en una lencería para que te roben unas bragas, pero es lo que tiene la navidad.

Decidió en su día mi amigo Tomás, el carnicero de Cojondasno, que “con esa labia que tú tienes, Parlaravacas, ya podrías dar tu el discurso de navidad en esta, nuestra república española, y no JuanCar”. No sé quién vagináceos será el JuanCar ese, pero si mi perro Pulmón me pide un discurso de navidad, ¿Quién soy yo para no escribírselo?

Y bueno, qué os voy a decir yo de la Semana Santa que no sepáis, lucecitas, regalitos, arbolitos, sexo en discotecas que te cobran media cartera por entrar, cava, sidra, langostinos y toda clase de bichejos que bien se podían haber quedado en agua firme; los belenes, el confeti, gorritos de Papa Noel, minifaldas y villancicos. Ya está. He resumido vuestra lamentable vida social diciembral en poco más de diez palabrejas. Escoria.

Mi vida navideña es una asombróstica conjuntación de neocultismos y drogas desconocidas en las que mi perro y yo debatimos sobre la metafisión de misterios tales como el origen del superhombre. Yo siempre he dicho que los homosexuales vienen de Narnia. Mi perro cree que todos somos bisexuales pero que nos decidimos por un lado u otro según el pecho del que más mamemos. Su madre tenía seis y yo no sé qué pensar. En fin, la navidad.

En navidad todos intentan ser buenas personas y yo creo que eso podría crear un desequilibrio en el sentido de la vida, así que procuro ser abismalmente malo. A veces vuelvo con mis ex para volver a abandonarlas. O me dedico a morder ancianas a la salida del metro. Una vez me planté delante de un mendigo que pedía limosna y empecé a liarme cigarrillos con billetes de 50. Cuando terminé me senté junto a él y estuve treinta y cinco minutos mirándole una oreja.

Lo peor fue cuando organicé una excursión para un orfanato y les pedí la autorización de sus padres. Pero eso fue un accidente. Traspapelé mis traspasos.

Lo dicho, tengáis las velas que tengáis en vuestro cumpleaños, cuchillo de palo.

Feliz Navidad,

Hans X. Parlaravauka


jueves, 3 de diciembre de 2009

El Conde Dracullen, Trois



Soñó el conde un día, en su almohada de seda y pluma, que muy larga la tenía, y no le cabía a ninguna.

Que sus lacayos buscaban por los pueblos del condado, vírgenes y putas, damas, doncellas y vagabundas, una de ellas nauseabunda, más fea que gato atropellado. “Igual fue bella por dentro” se dijo en el velatorio. “No por ser dulce el caramelo, ha de ser cutre el envoltorio”

¿Velatorio? Si, pues hembra que calzaba, hembra que enterraba. Era tan larga la historia que el conde con falda vestía, el trípode de Transilvania, que nunca encontró tía.

Y llamaron a su puerta, noche sí noche también, millares de bellas féminas buscando algo de placer. Y el Vampiro se sentía, con su metro en la entrepierna, un objeto del deseo, un juguete, una mierda.

Y empezaron los ciudadanos, a comentar a sus espaldas, “el conde del castillo, tiene la picha bien larga” Los rumores eran ciertos, metro y medio medía el cíclope de la colina.

Y pasaban y pasaron, día tras día mes tras mes, tres años del calendario para el conde y su ciprés. Y ninguna lo aguantaba, con grúas se masturbaba y una carpa de condón, y señora que se acercaba, cautelosa y asustada, con férrea vagina entraba, salía con canalón.

Más años pasaban, una vida bien sufrida, el conde murió asqueado y con él su enorme bicha. Juglares y trovadores celebraban en las plazas, que pequeñas las tenían y cabían en toda raja; con canciones, con poemas con dibujos y algún lema despidieron al vampiro y a su enorme, gran dilema.

Y despertó Dracullen, sudando cual Porcínez, en su lecho de seda y plumas, pensando confundido en si era sueño o pesadilla “Si tan grande era el cimbrel, como sería la ladilla”

En el salón se quedó, por miedo a caer de nuevo, en ese lugar de diseño al que algunos llaman sueño. Tan oscuro, tan malvado, tan profundo y anormal, por si fuera poco su lloro ni dormir en paz podía, un pobre vampiro de pueblo, ni abogado ni artista, ni leído, ni culto ni asombroso, un muerto más en la lista.

No, no es la pesadilla, el motivo de sus lloros, pero pensando en lo adorables que son, tetralogías vampirescas, de momento os leéis esta y ya me preparo el final.

Y si, el cuadro está vacío.

¡Lo más visto!

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