lunes, 3 de agosto de 2009

From Zero to Hero

Mi nombre es Álex Pérez, y nací en extrañas circunstancias.

Lo cierto es que son extrañas porque mucho de lo que ocurrió entonces sentenció gran parte de mi vida, mis aptitudes, gustos, elementos que aborrezco y mil paranoias más que no recuerdo con claridad.

Para empezar me resulta extraño estar nueve meses deseando salir por una vagina para luego pasarme años buscando una donde entrar, suena grosero y mal, pero es una realidad que afecta a muchos hombres, salvo a esa raza superior que ha logrado independizarse de ese apego al sexo femenino y a la que se bautizó con el término homosexual.

De todos modos, fue también en mi nacimiento cuando comencé a desarrollar mi etapa misógino-dependiente hacia las féminas.

Todo se resume en una situación realmente sencilla. La primera mujer a la que vi al salir se emocionó al verme (Dudo que si ahora me presentase desnudo y envuelto en sangre frente a alguna hiciese lo mismo) y lo primero que hizo fue azotarme y hacerme llorar.

En aquellos momentos no fui consciente de que absolutamente todas siguen el mismo patrón "Quien te quiere te hará llorar" Oye, pues quiérele a tu puta madre. Frases hechas sin sentido que no hacen más que confirmar que las mujeres dominan nuestro mundo. "Propón soluciones" dirán algunos. No las hay. Intenté estudiar posibles soluciones en mis teorías sobre "Cómo no entender a las mujeres" y me fue imposible llegar a una conclusión satisfactoria para la comunidad de poseedores de pene.

Pero dejemos esto para otro día, hablar de ellas solo las hace más poderosas. Digievolucionan.
En fin, otra de las cosas que se sentenciaron durante mi gestación, o mejor dicho, antes de esta, fue mi odio hacia el deporte. Aunque no lo odio, creía que si pero hace poco me di cuenta de que lo que en realidad ocurre es que ya estoy harto de hacer deporte.
Antes de nacer gané una carrera a millones de posibles personas como yo, de hecho participé en ella a riesgo de que pudiese ser una paja y mi destino un kleenex, pero arriesgué y vencí.

"Eso lo ha hecho todo el mundo" Pues si, pero el resto del mundo es idiota y sigue haciendo deporte después de semejante esfuerzo. De hecho, y como he dicho, no estoy en contra del deporte. Es más, mantengo en forma a mis pequeños gatitos cada primer martes de mes. Y no entraré en detalles porque a nadie le interesa cómo, cuándo o con qué me masturbe. Lo cuento para crear un vínculo de confianza entre el posible lector y mi pene. Si queréis que el vínculo sea mayor, llamadme y os doy mi número.

(El 23% de la población vizcaína no cogerá este último chiste, y un 0,67% se planteará llamarme. Si os parecen proporciones bajas os diré que el 100% de los que se propongan llamarme no querrán mantener ningún tipo de relación conmigo que implique contacto corporal)

Luego está mi falta de humildad. Mis padres querían una niña y cuando asomé la cabecita por, bueno, cuando asomé mi cabecita el médico dio por hecho que con esa belleza y la curiosa mata de pelo que tenía debía de ser una fémina.
"Es una niña" Dijo.
"Genial" Dijo mi padre. Mi pobre capacidad auditiva solo me hizo registrar el "Es" y "genial", y como mis primeros segundos en el mundo fueron los únicos en los que conservé la inocencia (la perdí nada más nacer al darme la vuelta y ver por dónde había salido) mi mente dio por hecho que era genial, la perfección hecha persona. Después de tantos años, con la madurez mental que poseo, y después de razonar que la perfección es algo casi imposible... Sigo pensando que soy genial. Mi padre no miente.

Lo de "es una niña" acabó por crearme dudas respecto a mi tendencia sexual. Dudas que superé con mi primer jueguecito erótico: Cinco contra uno y el que pierde escupe. El resultado fue un amor propio desproporcionado y erecciones cada vez que miraba un espejo. Y no me extraña.

Y creo que por esta noche vale, espero que ahora me conozcáis mejor y no me juzguéis por mi falta de seriedad y/o gracia. Yo es que no tengo sentido del humor.

Ciao.

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