viernes, 17 de octubre de 2014

Breve Relato sobre una Persona que solo quería Mear

Hay un momento en la vida de toda persona, en la que esta entra a un baño de un bar a mear. El baño huele a mierda que tira para atrás y un zurullo XXL asciende serpenteando por el interior de la taza, amenazador.

Pongamos que esa persona tiene además la vejiga minúscula, y que la orina está ejerciendo tal presión que no tiene más cojones que enfrentarse a la situación que se le presenta.

Su instinto le dice inmediatamente que ponga el pestillo de la puerta. Acto seguido, tras otro rápido vistazo al pestilente ñordaco, esta persona aprieta con todas sus fuerzas el botón para descargar la cisterna sobre el mismo.

ERROR

Décimas de segundo después de pulsar el botón, esa persona se da cuenta de que no es el primero en intentar tal hazaña y que igual que otros antes, fracasa estrepitosamente. Lo único que ha conseguido es dotar de más poder a la cagada, que parece estar deseosa de salir de su prisión de cerámica.

El olor comienza a ser insoportable, al igual que las imparables ganas de echar una meadita, el corazón de esta persona late cada vez más rápido a medida que la víbora marrón se acerca más y más a la superficie.

No hay salida posible. No puede aguantarse. Podría ir al posiblemente existente baño para el sexo opuesto, pero no confía en aguantar su torrente dorado. 

Por fin, una efímera sensación de alivio le envuelve a medida que riega la cabeza de la figura parda flotante del inodoro. 

Todo parece haber terminado, pero la regadera no termina de vaciarse, "Dios mío, no debí pedir aquella última cerveza"

CLAKCLAKCLAK

Clakclakclak es el sonido que hace un picaporte de una puerta con el pestillo puesto cuando alguien lo gira varias veces para cerciorarse de que realmente está cerrado.

"Ocupado" suelta nuestro protagonista como si no fuera evidente. Nuestro meón parece haberse acostumbrado al fuerte olor a mierda y a la presencia del 'monstruo del pantano', ahora cubierto de orines, pero sabe perfectamente que la persona que espera al otro lado de la puerta no solo se verá espantada por lo que allí encuentre, sino que además, le culpará a él de todo.

Al menos ya ha terminado de mear, y como un acto reflejo, se sube la bragueta y pulsa de nuevo el botón de la cisterna.

MIERDA. 

Y nunca mejor dicho, pues esa nueva cascada de agua es lo único que el fétido submarino de mierda necesitaba para emerger a la superficie, arrimarse al borde de la taza, y amenazar con escapar, dejando un reconocible rastro a su paso.

CLAKCLAKCLAK

La presión se hacía insoportable para él, había perdido la batalla, el dragón de barro había vencido al caballero de las aguas menores, que ahora debía enfrentarse a la humillación pública. Nunca una historia sobre una mierda en el baño de un bar había tomado un cariz tan épico. 

Retiró el pestillo y comenzó a abrir la puerta, al tiempo que escuchaba el inconfundible sonido de una plasta aterrizando en baldosa. 

CHOF

Ya no importaba nada. Ni las caras de desaprobación de las cuatro personas que esperaban impacientes, que ya habían empezado a juzgarle por abandonar el servicio sin lavarse las manos, ni el grito de "Qué asco" que ya escuchaba lejano, ni el "Pero a usted esto le parece normal" que posiblemente le habían dirigido a él mismo. Nada tenía la menor importancia. Se acercó a la barra, pagó su última cerveza y abandonó el local, sintiéndose cada vez un poquito mejor según se alejaba del lugar del crimen.

Pensó que tal vez, en algún lugar de la ciudad, una adorable anciana llevaba a sus nietos al parque, y les contaba cómo acababa de plantar el mayor truño de la historia del Bar Los Claveles, y lo había dejado allí como trofeo por su admirable gesta.

FIN

lunes, 7 de octubre de 2013

Fantástica guía para ser inoportuno (Parte I)


Está demostrado. Lo dice la prensa, lo dice Obama, lo dice Aurelio, un señor de 76 años de una aldea de Pontevedra: ser inoportuno está de moda. Tiene clase, te hace destacar, llama la atención, te convierte en el triunfador que todos queremos ser. Bueno, yo no. Yo ya soy el puto amo.

¿Pero de qué sirve ser el puto amo si el resto de la plebe está a años luz de la suela de mis Converse All Star Limited Edition?

Pues hoy eso cambia, amigos. Hoy os voy a enseñar a marcar tendencia siendo los más inoportunos del planeta Tierra y parte de Tatooine.

Y lo voy a hacer gratis. Sí señor, os voy a descubrir un mundo nuevo de infinitas posibilidades sin que soltéis un céntimo. Si alguno, tras aprovecharse de estos consejos se convierte en el amo de la barraca, puede hacerme una donación a mi cuenta de PayPal.

Pero dejémonos de tonterías.

REGLA NÚMERO 1- La primera regla del club del inoportuno es que todos hablan del Club de la Lucha. Que se jodan.

REGLA NÚMERO 2Viste como el culo y cuando menos se lo esperen. La moda del inoportuno siempre va de la mano con sabotear grandes eventos. Si tienes una entrevista de trabajo en CocaCola, lo mínimo que debes hacer es disfrazarte de lata de Pepsi gigante. ¿Conseguirás el curro por tu osadía y autoconfianza? NO JODER ERES ESTÚPIDO O QUÉ TE PASA. Pero, ¿quién necesita trabajar teniendo todo ese flow?
Otro truco es ir a un funeral vistiendo igual que el muerto. Si es un traje de Zara, un traje de Zara. Si es un vestido de noche rojo, un vestido de noche rojo. Pero sobretodo, mete mierda. Quéjate entre los asistentes. “¿Has visto Paco que viene igual que yo? Mira que lo hablamos antes, hay que ser hijo de puta.”

REGLA NÚMERO 3- Métete en la conversación de quien quieras siempre que puedas. Si te estás tomando un café en la terracita de un bar (un café normal, no un relaxing cup of chiste trillado) y la pareja de al lado está discutiendo, mete cizaña. Si su bebé empieza a llorar y te molesta, tírale el café encima a los padres y diles que aprendan a educar a su hijo. Si alguno responde o intenta atacarte, hazte tus necesidades encima. Eso los alejará.

REGLA NÚMERO 4- Todas las señoras cotillean en la iglesia. Eso no es nada nuevo. Se forman grupitos, las llamadas “mafias seniles” y ponen a parir al vecindario. Tú has de ir más allá. Entra en la iglesia y di que los corintios nunca le contestaban las cartas a San Pablo. Que conoces al que tiró la primera piedra. Que el Lázaro ese sólo era un vago que vivía en el sofá de su madre. En unos minutos armarás un buen revuelo.

REGLA NÚMERO 5- Hay situaciones en las que todos decimos siempre las mismas mismísimas cosas. Dando el pésame en un entierro, felicitando un cumpleaños por el Feisbus, dando pistas falsas a la policía para encubrir un crimen, dándole la razón a tu cuñado cuando sólo suelta soplapolleces en la cena de nochebuena, dando largas a conocidos que hacía años que no ves, etc.

El inoportuno tiene que romper moldes. El mejor pésame que le puedes dar a un viudo es un sincero “Venga, uno rapidito antes de que se enfríe”. ¿Felicitar el cumpleaños por el Facebook? Una buena foto de tus genitales en su tablón con un “Alégrate la vista carcamal, mira qué polla”. Detallazo. Muchas veces ser inoportuno exige sinceridad. Si te encuentras con alguien que no ves desde hace años y te esquiva la mirada o cambia de acera (a mi me evitan mucho por la calle, creo que es por el olor a triunfador) le persigues con un hacha hasta la puerta de su casa. Que note que aún estás ahí por si necesita alguien para cortar leña. Tampoco está de más llamar a su casa a las tantas de la madrugada y decirle que sabes dónde vive. Ahorrarás explicaciones innecesarias cuando te pida que vayas a buscarle para ir a por la leña juntos.

REGLA NÚMERO 6- Está es muy sencilla. A las mujeres les gusta que las comprendan sin tener que dar explicaciones. Si veis a vuestra pareja, compañera de trabajo, amiga, madre, hermana, monja, completa desconocida, etc. de mal humor, ofrecedle un tampón cariñosamente. Sin decir nada. Un guiño de ojo bastará. Quizá quiera agradecéroslo con sexo. Ya sabéis lo que dicen, los verdaderos marineros no le temen al mar rojo.

REGLA NÚMERO 7- El buen inoportuno es el alma de la fiesta, un tío gracioso, inesperado, espectacular. Y hay que demostrarlo.

Si vais conduciendo alguna vez y recogéis a un autoestopista, conducid a toda velocidad hacia un precipicio, y arrojaos del coche en marcha justo después de decir aquello de “Yo me maté en esa curva”. Descojone asegurado.

REGLA NÚMERO 8- Las fiestas de cumpleaños dan mil oportunidades para triunfar como inoportuno. Pero sobretodo las infantiles. Es importante colarse en una fiesta infantil de cumpleaños aleatoria, de estas que se celebran en un parque infantil con piscina de bolas o en el jardín de una casa americana con el típico castillo hinchable.

Es importante que te pases la fiesta fumando. Los niños te respetaran. Si es dentro de la piscina de bolas mejor. Si es dentro del castillo hinchable, perfecto.
Mientras estén todos ocupados, abre los regalos. Si alguno te parece ridículo, mea sobre él. Que el cumpleañero note que no merece la pena desde un principio. Si alguno te gusta, quédatelo. No hay que mimar demasiado a los niños.

Sopla tú las velas. Si son de las de broma que se vuelven a encender, dales la vuelta y clávalas encendidas en la tarta. Eres un inoportuno triunfador. A ti nadie te la juega.

REGLA NÚMERO 9- Relaciónate con otras culturas. Entra a un bazar chino y habla con ellos en su idioma. Todo el mundo sabe que el chino es inventado, así que ya sabes, échale imaginación y te comprenderán. Imita su cultura, persigue a los clientes por el bazar. ¿Racista, quizás? Sí. La verdad es que sí.

REGLA NÚMERO 10- Colócate junto a un semáforo en verde y empieza a emitir silbiditos o hacer pitidos. Si la gente te pide que pares porque están sucediendo demasiados atropellos de invidentes, tu grita “No es ilegal” como un energúmeno. Súbete a un coche o algo. Baila. 

Continuará o a lo mejor no. Pero a lo mejor sí. 

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